8.5.08

Tres discos bolivianos (tarde y no estrictamente rock, pero...)

Y aunque vengo con mucha demora, creo que era mi "deber cívico" (ja!) participar en esta semana de rock vernáculo. Pero, primero, creo que debo excusarme múltiple y esforzadamente, con Pituco y todos los compadres del bar, por dejarlos plantados y por haber desaparecido tan largamente.
Ok, quisiera poder decir que me perdí en Buenos Aires porque me arrestaron por tráfico de sustancias, o que el Sr. Puppini me confundió con cierto casanovas argento y se entretuvo con la picana, o que me deportaron a Nairobi cuando pillaron el gorrito rojo-amarillo-verde y la ibogaina en mi morral, etc. Pero los motivos de mi desaparición son harto más mundanos, por tanto menos interesantes de narrarse. Lo cierto es que planeo regresar por Buenos Aires en el segundo semestre del año, y si el empute se diluye lo suficiente, llevo todo lo prometido y me paso por el salón fumador. Ojala ya no haya bronca, Dn. Pituco, lo siento mucho. Entre tanto, vamos intentando rehabilitar lo hecho.

Elegir tres discos esenciales de rock boliviano es difícil. El rock nacional jamás ha sido la música más fuerte o interesante que se hace en este país. Por eso es que me he permitido escoger tres grandes discos que estrictamente no son de rock, ni de folklore. Simplemente son los que considero obras indispensables de la música boliviana. Se los dejo acá en la "Casa Abierta" a ver que les parecen.



El primero que sugiero es un disco arrebatador, una obra maestra, inabarcable. Un trabajo conceptual (el primero y quizás único con ese formato dentro de la música Boliviana), es una historia verídica, sublime, hecha música por el único artista capaz de conseguirlo.
El gran Alfredo Domínguez, el mejor compositor e interprete del folklore nacional, un iluminado que como muchos compatriotas nacio muy pobre y murió migrante. Entre esos puntos lo hizo y vio todo; fue músico, pintor, payaso de circo, arquero de fútbol, actor, zafrero, etc.

Guitarrista tupiceño, es como nuestro Yupanqui, aunque lo siento un poco más poético y virtuoso. Será por la próximidad. En fin, una vez dijo: "Una vez soñé a Bolivia dentro de una flor y lo mas lindo era que la flor crecía de aquí, no?; del corazón; con ese sueño hice una canción..."

Un disco hermosísimo, no pueden dejar de escucharlo, pues además de ser insuperable musicalmente, retrata estupendamente la vida y penurias de nuestros campesinos en los días de la Reforma Agraria, luego de la revolución nacional de 1952.



Mucho se elogia a Wara por haber inventado el "rock boliviano" con su intensa fusión de "El Inca" (1971), pero al margen de la originalidad de ese logro, hablando de lo más alto que ha llegado el rock nacional (siendo rock, con ese léxico), a mi me parece que Climax está bastante por encima.

Con aires de progresivo duro, prefigura el primer disco de rock conceptual (otra vez la palabreja) que se grabó en nuestras tierras: "Gusano mecánico".

Con momentos Hendrix, Crimson o McLaughlin, este disco encuentra a estos músicos en un momento estupendo de forma; José Eguino, Javier Saldías y Álvaro Córdoba conformaban este power trío de brutal psicodelia progresiva, fundamental para comprender la historia del rock boliviano.



Manuel Monroy Chazarreta - "El Papirri en vivo" (2005)
Disco 1 /Disco 2


Ni rock ni folklore si nos queremos poner puristas, pero probablemente la mejor forma posible de conocer al cantautor más interesante que haya tenido Bolivia en los últimos tiempos. Aquí con un disco doble y en vivo, con el que celebraba 25 años de carrera.

Rodeado de algunos de los mejores músicos del folklore y rock nacional (Álvaro Montenegro, Carlos Ponce, Freddy Mendizabal, Saúl Callejas, Rodrigo Villegas, David Portillo, Danilo Rojas, etc.) Monroy Chazarreta presenta sus "clásicos", marcados por exquisitos arreglos folk-populares y su inconfundible picardía para componer las letras. Gran guitarrista además de letrista excepcional, ha grabado también con importantes músicos extranjeros, como Litto Nebbia, César Franov y Quintino Cinalli.

Como dato curioso, Manuel es nieto del notable Andrés Chazarreta, e incluso ha grabado un disco homenaje junto a Nebbia, pero que permanece si editarse por falta de sponsors.

Un disco imperdible para enamorarse del Papirri (cariñoso apodo por el que se conoce mejor a Monroy Chazarreta), o para acercarse a las contradicciones discursivas del boliviano, es una fenomenal excusa para disfrutar la poesía popular de este gran músico.



Un gran saludo de Bolivia, y esta vez prometo no desaparecer.

1 comentario:

Sebastián dijo...

Qué buenas recomendaciones, tres muchas gracias.